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"En las discusiones motivadas por los desastres de la funesta e imposible guerra, sostenida por España con los Estados Unidos, se han involucrado tres cuestiones totalmente diversas: la lucha separatista; la intervención de la República Americana, y la impericia guerrera y administrativa de nuestras clases directoras, a las cuales atribuyen muchos nuestra actual decadencia.
 
No hemos aprendido nada de las enseñanzas de las pasadas guerras. El primer error ha sido enviar a Cuba, en vez de 50.000 hombres bien equipados y alimentados, 200.000 soldados, en su mayor parte bisoños, y en un país donde la vida es carísima (...) Y todo para perseguir 20.000 insurrectos. Cuando el enemigo no desea combatir y vive refugiado en un territorio sin carreteras, ferrocarriles, ni población, emboscado en una vegetación impenetrable (...).
La guerra no termina en tales condiciones por las armas, sino por la política. Además todos los que hemos estado en Cuba sabemos que el clima es mortífero, en triste complicidad con nuestra pésima administración, es decir, con el hambre, los atrasos en las pagas, el desbarajuste en la distribución y movimiento de las columnas (...)"
 
Santiago Ramón y Cajal, El liberal, 26 de Octubre de 1898.
 
       

CAÍDA DEL IMPERIO COLONIAL Y LA CRISIS DEL 98

 

1.- CAÍDA DEL IMPERIO COLONIAL.

2.- LA CRISIS DEL 98


 1.- CAÍDA DEL IMPERIO COLONIAL.

 

            a.- Antecedentes. La 1ª guerra de Cuba.

            Cuba, junto a Puerto Rico y Filipinas, eran los restos que le quedaban a España de su Imperio colonial, tras el proceso emancipador del primer cuarto del siglo XIX. 

            Cuba era una isla productora de azúcar y tabaco, café, cacao y otros cultivos tropicales. La mecanización de los cultivos, su intensificación y la permanencia de mano de obra esclava negra habían enriquecido a la isla. La mayoría de los negocios estuvo en manos de peninsulares pero, poco a poco, se fue formando una burguesía criolla, rica y culta. Esta burguesía pronto empezó a tener inquietudes independentistas o, al menos, de lograr una mayor autonomía, ya que se veía marginada de los cargos públicos y muy perjudicada económicamente por los fuertes aranceles que la metrópolis imponía al comercio con otros países, sobre todo con USA (que aspiraba a la independencia de la isla para dominar sus mercados).

            

            La revolución comenzó coincidiendo con el estallido de la Revolución de 1868 en la península. El llamado Grito de Yara fue lanzado por Céspedes con el propósito de establecer una república cubana independiente. Su llamada fue seguida por otros líderes independentistas, que pronto contaron con el apoyo de los esclavos negros. El levantamiento de los esclavos negros asustó a la burguesía criolla que se puso de parte de España, eso sí, pidiendo mayor autonomía para la isla.

            La guerra duró 10 años (1868-1878). Fue muy larga por: 1) Los problemas y cambios políticos en España apenas dejaron tiempo a los gobiernos de ocuparse de la guerra cubana. 2) Por la división y mala organización de los insurgentes, a pesar de la ayuda que recibieron de USA.

            Al final, en 1878 se firma la Paz de Zanjón bajo las siguientes condiciones: 1) Abrir un proceso democrático en Cuba, cuyos representantes formarían parte de las Cortes en España. 2) La abolición de la esclavitud. 3) Amnistía política e indulto general a los insurgentes. 4) Dotar a la isla de la mayor autonomía posible. 

            b.- 2ª guerra de Cuba. La pérdida del imperio colonial.

            Tras la Paz de Zanjón, la situación en Cuba fue empeorando poco a poco: 

            1) La abolición de la esclavitud arruinó a los pequeños propietarios, que se vieron privados de la mano de obra para trabajar en sus plantaciones al no poder pagar los sueldos, por lo que su descontento con la metrópolis creció. No mejoró, tampoco, la situación de los antiguos esclavos que quedaron en el paro o tuvieron que trabajar por sueldos muy bajos, por lo que su descontento fue a mayor. Tenemos, así, un fuerte descontento entre las clases bajas.

            2) Por otra parte, entre la clase criolla también creció el descontento por: a) No se cumplió la promesa de dar autonomía a la isla. Así, poco a poco, se fue desarrollando el sentimiento independentista entre la clase criolla, alimentado por los intelectuales cuyo máximo representante fue José Martí, cantor de su patria y creador de una filosofía nacionalista cuyo último objetivo era crear una Cuba libre e independiente. b) En los años 90 hubo un giro en todos los países en su política económica imponiéndose un férreo proteccionismo. España también lo impuso en Cuba. La nueva ley arancelaria perjudicó mucho los intereses de los criollos, puesto que se les obligaba a comprar productos peninsulares y se les prohibía el comercio con otros países, sobre todo con USA, que era una gran fuente de riquezas para los criollos. 

            Algo parecido ocurría en Filipinas. Tras la apertura del Canal de Suez, Filipinas conoce un importante desarrollo que trae consigo el nacimiento de una clase criolla, que pronto aspiró a la independencia basándose en las ideas del líder criollo José Rizal, que fue acusado de conspiración y fusilado. Sin embargo, su bandera fue recogida por otro intelectual, Emilio Aguinaldo, que formó la sociedad secreta de Katipunán con el objetivo de luchar por la independencia.

            En Cuba, el descontento de la clase criolla y de las clases bajas se une y provocan el definitivo levantamiento por la independencia en febrero de 1895 con el llamado Grito de Baire. Al frente de la insurrección estaban los líderes independentistas Máximo Gómez, Calixto García, el mulato Antonio Maceo y José Martí, cuya pronta muerte en una emboscada lo convertirá en mártir de la independencia, dándole alas al movimiento. La insurrección, que comenzó en las sierras, se extenderá rápidamente por toda la isla.

            El gobierno envió al general Martínez Campos, que comprendió que la situación no era la misma que en 1878. La rebeldía era mucho más fuerte y los insurgentes estaban mucho más unidos. Martínez Campos creyó posible aplastar la resistencia por medio de una guerra convencional, en un terreno muy accidentado y frente a un enemigo dividido en multitud de destacamentos y partidas. Se equivocó. El ejército español cruzó la isla de oeste a este encontrando poca resistencia, pero cuando Martínez Campos creyó reducir el último foco, se dio cuenta que las bandas enemigas seguían actuando en la retaguardia. Había, pues, que actuar con mano dura y con fuertes represalias contra toda la población, no queriendo hacer esto y ante su fracaso Martínez Campos pidió su relevo.

            España tuvo que decidir entre abandonar la isla o ejercer una dura represión sobre la isla. Ni Cánovas, ni Sagasta eran partidarios de la dureza, pero no podían resignarse a perder Cuba por razones económicas y de prestigio. Además, la mayoría de la opinión pública española consideraba a Cuba como una parte más de España y no estaba dispuesta a perderla, estando a favor de la guerra. Sólo una minoría compuesta por los socialistas, anarquistas, republicanos y nacionalistas eran contrarios a la guerra.

            La mayoría de políticos y militares creían posible ganar la guerra, ya que los cubanos no tenían ejército regular, ni armas pesadas, por lo que en una guerra de desgaste acabarían por ser vencidos siempre que no recibieran ayuda del exterior y aquí estaba el máximo peligro, ya que los USA estaban cada vez más dispuestos a apoyar a los rebeldes.

            En estas circunstancias, Cánovas envió a el general Weyler, un militar enérgico, buen conocedor de la isla y de mano dura. Su plan fue combatir a los focos rebeldes (los mambises) en sus propias guaridas, aislándolos y aniquilándolos. Así, ordenó la concentración de la población civil en zonas especiales bien controladas de las que no podían salir. Luego, dividió la isla en una serie de compartimientos separados por trochas o líneas fortificadas que iban de costa a costa, que incomunican a los grupos rebeldes y permiten ir reduciéndolos uno a uno. 

            Comenzó así la nueva ofensiva. Una ofensiva desigual porque el ejército español era muy superior en número y tenía mejores mandos, organización y armamento que el cubano. Además controlaban las ciudades y las vías de comunicación. Por el contrario, los cubanos tenían a su favor el conocimiento del terreno, estaban habituados al clima y eran aprovisionados de armas y municiones por los USA.

            A finales de 1896, tras una dura campaña, Weyler dominaba la mitad de la isla y calculaba que en el año siguiente dominaría la otra mitad. Además, el más peligroso de los líderes independentistas, Antonio Maceo, moría en una emboscada a finales de este año. 

            Sin embargo, la guerra se alargaba, lo que era contrario a los intereses españoles. En USA, el presidente Cleveland había anunciado que USA se mantendría neutral en la guerra, sin embargo, a finales de este año pierde las elecciones a favor del partido republicano, siendo nombrado presidente Mac Kinley. Con él, la actitud de USA cambió. Un cambio provocado por la labor de la prensa norteamericana que fue inclinando a la opinión pública a favor de la guerra y con ella a los republicanos. Las poderosas cadenas de prensa Pulitzer y Hearst, subvencionadas por las compañías azucareras, se afanaron en publicar noticias, muchas de ellas falsas, sobre las atrocidades que los españoles cometían en Cuba y, sobre todo, el daño que se hacía a los residentes norteamericanos.

            Comenzaron, así, las tensiones diplomáticas: USA protestó porque la duración del conflicto estaba perjudicando a sus empresas, España respondió que la guerra habría terminado antes si los USA no hubieran suministrado armas a los rebeldes. USA consideró inhumanos los campos de concentración establecidos por Weyler, España les recordó que la invención de estos campos era de USA en su guerra de secesión….etc.

            Cánovas comprendió entonces que había que solucionar el conflicto lo más rápidamente posible para evitar la intervención directa de USA, pero, de pronto, se quedó sin el apoyo de los liberales de Sagasta, que se declararon contrarios a la mano dura de Weyler y a favor de dar plena autonomía a Cuba. Para colmo de males, Cánovas será asesinado por un anarquista en Madrid.

            La muerte de Cánovas dio un giro completo a la situación. Sagasta subió al poder y destituyó a Weyler, de manera que en pocas semanas se perdió el control sobre los territorios que había dominado Weyler. Por otra parte, se aprobó un estatuto de autonomía para Cuba, que tendría parlamento y gobierno propio, pero siempre bajo la soberanía de España. Esto, más que calmar los ánimos independentistas, los avivó y la insurrección se hizo general en la isla. 

            Por su parte, los USA, con el pretexto de proteger a sus ciudadanos, enviaron a un buque acorazado, el Maine, que fondeó en la bahía de La Habana. Semanas después, el Maine explotó y se hundió con la mayor parte de la tripulación. Entonces, los hechos se precipitan: USA mandó una comisión investigadora para esclarecer las causas del hundimiento. Los españoles propusieron formar una comisión conjunta que no fue aceptada por USA y formaron otra. La de USA llegó a la conclusión de que el hundimiento había sido provocado por una mina o un torpedo. La española que se había producido por una explosión interna (hecho reconocido por el Pentágono en 1974).

            La opinión pública norteamericana se volcó a favor de la guerra. En España ocurre lo mismo. La guerra parecía inevitable. Mac Kinley intentó una solución pacífica y propuso al gobierno español la compra de Cuba por cien millones de dólares. Sagasta se negó en redondo. Fue, entonces, cuando se echó en falta una activa política exterior. Como sabemos, España no había participado en el juego de alianzas europeo y se encontraba sola, sin aliados. Los intentos de que mediaran otros países en el conflicto fueron un fracaso.

            Así, en abril de 1898, los USA enviaron un ultimátum a España en el que exigían la independencia de Cuba. España se niega y el 25 de Abril, USA declara la guerra a España. 

            Fue una guerra rápida y desigual, pues el ejército y la flota de USA, mucho más modernizados, eran muy superiores al español.

            Los americanos atacaron primero en Filipinas, donde vencen fácilmente en la batalla de Cavite. Manila se rinde días después, aunque en el interior la guerra se mantiene hasta final del conflicto. En Cuba, la flota española al mando de Cervera fue bloqueada por la de USA en la Bahía de Santiago. Tras un largo debate parlamentario, en el que se puso en tela de juicio el valor de la flota española, se ordenó a Cervera que atacase a la flota de USA. La diferencia técnica y en número era muy grande a favor de USA. Además, la estrechez de la boca de la Bahía de Santiago obligó a los barcos españoles a salir uno a uno. Y, prácticamente, uno a uno, en un plazo de cuatro horas, los buques españoles fueron hundidos por los norteamericanos, con mayor distancia de tiro. Tras la derrota y la pérdida de la flota, la resistencia en tierra no tenía sentido, por lo que España pedía la paz el 26 de Julio.

            La paz se firmó en Paris en diciembre de 1898. Por ella, España perdía Cuba, Filipinas y Puerto Rico, es decir, los últimos restos de los que había sido su gran imperio colonial.

2.- LA CRISIS DEL 98. LA ESPAÑA DE LOS PROBLEMAS.

            Con la derrota en Cuba se inicia una profunda crisis en España puesta de manifiesto por la llamada Generación del 98. A partir del 98 y durante los primeros años del Siglo XX comienza a hablarse y escribirse con gran profusión de los problemas de España: del problema político, del social, del militar, del religioso, del económico, del regionalista y, por encima de todos ellos e integrándolos a todos, del problema del ser de España. Hay, pues, una profunda crisis en la conciencia española, crisis que denuncia todos estos problemas y que conduce a revisar y a querer transformarlo todo, para mejorarlo. Entre los problemas más destacados están:

            a.- El problema del ser de España. Puesto de manifiesto por los escritores de la Generación del 98, un grupo de intelectuales entre los que se encuentran figuras como Unamuno, Valle Inclán, Baroja, Azorín, Maeztú, Ganivet o Antonio Machado.

            Todos ellos coinciden en su espíritu crítico, su inconformismo y la conciencia de que era necesario cambiar lo presente, relacionándose con el giro intelectual y mental que se da en el resto de Europa y que supone el paso del positivismo al existencialismo. Además, hay que reseñar que el espíritu crítico y el deseo de cambiar las cosas se extiende a la mayoría de la sociedad española: políticos, militares, clases medias y bajas.

            Uno de los ejes que une a los integrantes de la generación del 98 es el tema de lo que es y lo que debe ser España, del que surge la cuestión sobre cual es el verdadero ser de España, tema que va a generar una abundante literatura y continuas polémicas a lo largo de todo el Siglo XX.

            En su búsqueda del verdadero ser de España, lo primero que encontramos en los integrantes de la generación del 98 es una profunda crítica a la España en la que viven. Se critica, en primer lugar, a lo gobernantes, al sistema político de la Restauración, denunciándose todos sus defectos: los amaños electorales, el caciquismo o el régimen oligárquico que, según Baroja, “miraba al Estado como si fuera una finca de su propiedad”. En segundo lugar, se critica a los gobernados, al resto de los españoles. Azorín critica su desidia, Machado la ignorancia, Baroja la vulgaridad, Unamuno la ramplonería.

            De la crítica a los gobernantes y gobernados se pasa a la crítica de España en general, que resulta ser un país atrasado, inculto, sin educación, sin espíritu de trabajo, anclado en sus viejas costumbres y supersticiones. También se critica el pasado de España, su historia, por ser inmovilista, decadente. La idea de decadencia surge así de manera espontánea, hasta el punto de que poco después Ortega afirmará que la historia de España es “la historia de una continua decadencia”.

            De estas críticas, surgen mitos como el del Africanismo: la España atrasada, vulgar, pobre, es un país más africano que europeo. A veces, se llega a la caricatura: “España es una sociedad de mequetrefes y botarates gobernada por beatos” (Baroja), “España es una deformación grotesca de la civilización europea” (Valle Inclán). 

            Sin embargo, estas duras críticas no significan desamor hacia España. Los hombres del 98 sienten asco de la España que contemplan pero, a la vez, dolor porque aman a España: “me duele España” decía Unamuno. Por eso, junto a la crítica, los hombres del 98 aportan el deseo de regenerar España, de cambiarla para llegar a la España nueva y deseada. 

            El deseo de cambiar a España da lugar, en un primer momento, al nacimiento del mito de Europa. Para los hombres del 98 España es el problema y Europa la solución. Así, Unamuno decía que “tenemos que europeizar España” y Costa afirmaba que la regeneración de España pasaba por cambiar nuestros modos africanos por los europeos. 

            Sin embargo, junto a esta solución de europiezación coexiste otra totalmente distinta. Es lo que se ha llamado la “conversión del 98”, por la que se van a defender los valores y los rasgos de España, acuñados a lo largo de su historia. Así, se afirma que nuestro legado cultural es distinto, pero no inferior al de otros pueblos europeos y se defienden a las tradiciones como lo más profundo y lo más auténtico de España. Esta conversión se da en muchos autores que defendieron, en principio, el mito europeo. Así, Unamuno afirmaba que “había que españolizar Europa”. 

            Surge, así, desde estos momentos, el mito de las dos Españas: El de la España tradicional con sus valores históricos y el de la España moderna, progresista y más tolerante, a la europea. En principio se prefiere a la última, luego se redescubre la calidad de la primera. En consecuencia, en muchos casos se defiende una síntesis armoniosa de las dos Españas para solucionar su crisis: “yo quisiera una España muy antigua y muy moderna a la vez”, escribía Baroja. 

            Posteriormente, se hablará de la España oficial y la España real (Costa) o España vital (Ortega). En este caso, no hay más que una auténtica España, la de los españoles, la real o vital. La otra, la España oficial, la de las clases dirigentes, la de los políticos, la de los oligarcas, la de los caciques, es una fortaleza a derribar. Basta acabar con ella para que reluzca la España auténtica. En este pensamiento se apoyará, básicamente, el Regeneracionismo.

            b.- El problema político. Presenta una doble vertiente: 

            1) Por una parte, está la falsedad del sistema. España, en 1900, era en teoría una de los países más democráticos del mundo: disfrutaba del sufragio universal, de una Constitución flexible y abierta y se habían proclamado todos los derechos y libertades individuales.

            Todo era falso. Los políticos se habían fabricado un sistema para ellos mismos, a espaldas del pueblo, en el que los resultados de las elecciones respondían a lo acordado previamente por los partidos y no a la voluntad del pueblo. 

            Así, a partir del 98 comienza a denunciarse y criticarse al régimen político, poniéndose de relieve todos sus fallos: el fraude electoral, el encasillado, el caciquismo y la tendencia a la oligarquía del régimen, en la que sólo dos partidos se turnan en el poder no admitiéndose a los demás partidos. De ahí, el desarrollo del nepotismo, el amiguismo y el clientelismo y de que, por ejemplo, en la nómina de gobernantes se repitan los mismos nombres o de que la mayoría de los diputados sean pariente de los altos jefes políticos. Como consecuencia de estas criticas y denuncias, desde principios de siglo, se desarrollarán una serie de movimientos y partidos que van a intentar regenerar el sistema y que, al final, serán los que terminen con el régimen de la Restauración.

            2) Por otra parte, está la pérdida de contenidos, la falta de programa de los dos partidos políticos en el poder. Así, daba igual votar a un partido que a otro, pues ambos carecían de nuevas ideas, de un programa concreto. 

            A ello, se une la resistencia de los dos partidos a dejar el poder en manos de los nuevos partidos o movimientos que desde principios del siglo se van desarrollando: los republicanos, socialistas, anarquistas y nacionalistas o regionalistas. De manera que no les va a quedar otro camino que la revolución para alcanzar el poder.

            c.- El problema social. Responde a la existencia de una organización social atrasada y desigual. De los 19 millones que tenía España en 1900, sólo 1 millón pertenecía a la clase alta formada por la fusión de la nobleza y la alta burguesía. Esta clase alta, la oligarquía, tiene todo el poder político y económico del país. Unos 4-5 millones forman la clase media-baja burguesa, donde existen condiciones muy distintas.

            Mientras tanto, la gran mayoría de la población, unos 13 millones, forman parte de la clase baja, son los obreros y campesinos. En ambos grupos se había producido un proceso de proletarización, de manera que no son dueños de nada, sólo de su trabajo por el que cobran un sueldo muy bajo. Esto genera una serie de graves problemas que afectan sólo a esta clase: el paro, la extrema miseria, el analfabetismo, las malas condiciones de trabajo y de su vivienda, la explotación de las mujeres y niños…etc. Para solucionar estos problemas, obreros y campesinos iniciaron la lucha conocida como el movimiento obrero o la cuestión social, amparándose en las ideas del socialismo y anarquismo.  

            A partir del 98, si algo caracteriza a lo que se ha llamado “el 98 de los obreros” fue la tendencia a organizarse, a formar un frente unido, a sindicarse, como consecuencia del crecimiento de la conciencia de clase entre los proletarios y de la certeza de que con actos espontáneos y esporádicos no se llegaba a ninguna parte. 

            Así, el partido socialista y su sindicato, la UGT, vieron multiplicarse el número de sus afiliados, mientras que el anarquismo abandona parte de sus ideas y comienza a crear sindicatos, la CNT, que dieron al movimiento mayor organización y gran número de afiliados.

            A partir de aquí, tanto partidos como sindicatos iniciaron la lucha por resolver los problemas del proletariado español y por hacerse con el poder para cambiar radicalmente la organización del estado burgués. Ello trae consigo la multiplicación de las revueltas y los incidentes entre los que destacan los sucesos de la Semana Trágica de Barcelona o la huelga general de 1917. 

            En conclusión, si hasta finales del Siglo XIX puede hacerse una historia de España recurriendo casi exclusivamente a los hechos políticos, desde el 98 es imposible hacerla sin tener en cuenta las luchas sociales que van a desencadenar los partidos sindicatos obreros.

            d.- El problema económico. A comienzos del Siglo XX, España, pese a su tímida industrialización, seguía siendo un país subdesarrollado donde el sector agrícola englobaba al 60-70% de la población.

            El subdesarrollo será un problema que se tratará de superar, sin conseguirlo. Un subdesarrollo que se debe a la convergencia de una serie de factores estructurales, que serán puestos de manifiesto por los hombres de la generación del 98. Entre ellos, podemos destacar:

            1.- En el mundo rural, el principal problema es el mal reparto de la tierra. Predominan los grandes latifundios en el sur y los minifundios en el norte, de manera que las propiedades de tipo medio son una minoría. Este tipo de propiedad es, sin embargo, el más adecuado para introducir las nuevas técnicas (maquinaria, abonos, fertilizantes, regadíos, nuevos cultivos…etc) para modernizar el sector agrícola y que son las que predominaban en los países europeos. En España, por el contrario, predominan los latifundios o los minifundios, propiedades que por su extensión no son las más aptas para introducir estas nuevas técnicas. De ahí, que el sector primario español está muy anticuado, con una muy baja producción y productividad.

            2.- Buena parte de los recursos de España, sobre todo los mineros, están en manos de capitales y compañías extranjeras, ayudando a la industrialización de otros países y no del nuestro.

            3.- Lo mismo ocurre con el naciente sector servicios: Las compañías eléctricas, los transportes, el teléfono…etc están controladas por capitales extranjeros.

            4.- La falta de capitales internos y de iniciativa de la clase burguesa española, que prefirió invertir en la compra de tierras.

            5.- La falta de inversiones y de una verdadera política económica por parte del Estado.

            e.- El problema regionalista. Comienza a cobrar importancia a partir de principios del Siglo XX. Los rasgos esenciales de estos movimientos regionalistas-nacionalistas son:

1) Se desarrollan en la periferia del país, siendo los más importantes los de Cataluña y el País Vasco.

2) Su ideología es una mezcla entre tradición y modernidad.

3) Aspiran a una gran autonomía dentro de España y algunos de ellos, como el vasco, a la independencia total.

            Poco a poco, irán surgiendo partidos nacionalistas o regionalistas que iniciaran la lucha por la autonomía de su región.

            En conclusión, la crisis del 98 pone de relieve la existencia de una serie de graves problemas en España, problemas que se van mezclando y evolucionando y cuyo resultado final será la caída del régimen de la Restauración.